El último fallo de diseño de hoy me lo encontré comiendo tarta durante el cumpleaños del pianista del coro de la orquesta filarmónica de Gran Canaria. ¡Felicidades de nuevo, Nauzet! Es difícil apreciarlo en la fotografía, así que trataré de explicarlo. Se trata de una cuchara de postre aparentemente normal y corriente, pero no es así. Tiene el tamaño de una cuchara de postre pero la "barriga" de la cuchara es mucho más honda que la de una cuchara de postre normal. ¿Qué sucede? Que, como en este caso, cuando estás comiendo tarta, el labio no llega al fondo de la cuchara, no sólo dejando restos, sino teniendo que recurrir a laboriosas técnicas de malabarismo para acceder al fondo de la cuchara. Darle la vuelta para lamerla, meter el dedo... Bromas aparte, el fallo vuelve a encontrarse en la frontera de ejecución. En esta ocasión no he colgado una foto para contraatacar a este fallo de diseño porque el 95% de las cucharas de postre con las que me he tropezado no lo tenían. Juzgad vosotros mismos.

Actualización: Dentro de la frontera de ejecución, este diseño tiene un fallo en la comodidad, más concretamente en la efectividad. Este diseño tiene un fallo de manipulabilidad.

Actualización: Dentro de la frontera de ejecución, este diseño tiene un fallo en la comodidad, más concretamente en la efectividad. Este diseño tiene un fallo de manipulabilidad.
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